Coaching Educativo

¿ES POSIBLE UN ENFOQUE MÁS LENTO Y SERENO EN NUESTRO TRABAJO?

¿ES POSIBLE UN ENFOQUE MÁS LENTO Y SERENO EN NUESTRO TRABAJO?

La lectura del libro Elogio de la lentitud de Carl Honoré me han hecho plantearme esta pregunta.

Espero  que la desaceleración iniciada en estas vacaciones continúe de alguna manera a  partir de mañana lunes en mi trabajo.

Una creencia falsa de la mentalidad actual es considerar que hacer algo con lentitud significa que no es intenso ni productivo. No se trata de ir a medio gas, sino a establecer otro tipo de relación con el tiempo; dejar de sentirnos menos apremiados y apresurados y dar paso a distintas velocidades.

El psicólogo Guy Claxton en su obra “Cerebro de liebre, mente de tortuga: por qué aumenta nuestra inteligencia cuando pensamos menos” comenta que el ser humano piensa más creativamente cuando está sereno, libre de estrés y de apremios. Quizás a ti te pase también que te hayan sorprendido, buenas ideas y soluciones a problemas con más frecuencia cuando te encuentras en un estado de relajación, sumergido en la bañera, paseando, nadando o incluso cocinando.

Ciertamente, muchos pensadores conocían el valor que tiene el sosiego mental.  Darwin decía de sí mismo que era un pensador lento.  Kundera habla de la sabiduría de la lentitud. A. Einstein  tenia fama de que se pasaba horas contemplando el espacio de su despacho. Él apreciaba la necesidad de combinar las dos formas de pensamiento;  por eso, las personas más inteligentes y creativas saben cuándo dejar que la mente divague y cuándo  dedicarse al trabajo.

Para tener un buen rendimiento es necesario alternar la rapidez con la lentitud. De hecho el estrés en dosis limitadas produce concentración y puede estimular la creatividad, pero cuando se da en exceso resulta perjudicial tanto a nivel  físico como mental.

Un examen realizado por la Fundación Europea para la Mejora de las condiciones de Vida y Trabajo, reveló que los trabajadores de la UE estaban sometidos a un apremio mucho mayor que hace una década.

En mi trabajo lo constato cada año. Trabajo en un instituto de secundaria con 700 alumnos y, como en muchos otros,   no se cumplen las recomendaciones de la UNESCO en relación a los  orientadores escolares que sería 1 por cada 250 alumnos.

Además, al igual los profesores, estamos sometidos de manera permanente a la presión de la fecha límite que deja poco tiempo para el sosiego y la recuperación, pues a ello se suma el estrés de seguir los programas propuestos por las editoriales a través el libro de texto.

En la escuela hay muchas tareas que necesitan de lentitud: una planificación estratégica, pensar creativamente,  hablar con los padres y con los alumnos…tareas que se resiente en non pocas ocasiones por mantener el ritmo.

Como educadores debemos frenar el apresuramiento, serenar la mente y tomar momentos de descanso,  solos y con los alumnos y veremos como se equilibra la emotividad (al estar más sosegado y con menos estrés, no te tomas las cosas tan a pecho), se  estimula la creatividad,  se toman mejores decisiones, más meditadas y se incrementa muestro disfrute.

      Yo estoy dispuesta a intentarlo  ¿y tú?

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Gema Gonzalez

Especialista en Pedagogía Terapéutica, Psicopedagoga y Coach Educativa.

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